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2018/work in progress

Fotografías en color y blanco y negro.

Publicación en formato multimedia.

«Suave como el peligro atravesaste un día
con tu mano imposible la frágil medianoche
y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
porque eras suave como el peligro,
como el peligro de vivir de nuevo».

Leopoldo María Panero.

Y a pesar del frío, no tenía en apariencia relación con el resto, o apenas relevancia destacada en comparación. Pero acercarse arranca el interés, y si es así, el interés concreta la atracción. Aquel lugar provocó desde la distancia ese calor y el calor lo era todo.

Podían no haber estado aquellos árboles en mitad del paisaje, pero entonces no sería aquel paisaje perdido.

Perdido para el ‘resto’ porque ellos no se han movido desde el principio, los árboles…
(La relativa significación de estar perdido, siempre presente y siempre constante).

El viento frío, el tiempo helado.

Mi posición frente a ellos es la misma a pesar de los años: plantado con la mirada desviada del camino.

Ese día no entramos en aquel pequeño espacio porque ya estábamos dentro, desde el otro lado del camino lo sabíamos. En ese interior abierto, donde los funambulistas imaginan que la sombra es un camino por donde aventurarse, el resto es un vacío.

Como intuyes, pues acercarse es pura intuición, que no se cuente todo no quiere decir que no haya sucedido. Detrás de cada árbol descansa una sombra proyectada, siempre viva y siempre latente; te sigue, incluso a veces te persigue, pero aprendes a convivir con ella, a veces a compartirla. Algunas parecen más largas, pero todas caen en la misma dirección, sobre las hojas o sobre el suelo. Desde la base hacia arriba, pasando por un tronco de retazos amarillos, tan relativamente amarillos como el frío que los envuelve.
Al caer la noche no desaparecen…

Y luego están las ramas, que se tocan en la medida que ellas tengan voluntad por hacerlo, en busca de otros troncos que son otros cuerpos conectados por las sombras… Cuando se encuentran, aunque sólo sea en un punto, el tacto es calor, y el calor lo es todo. Por ello, no es un espacio abierto aquel lugar, es un momento suspendido en constante contacto.

Y escuchando aquel paisaje, “me olvidé de donde estábamos”, o “de donde fuimos”. Y aquel pequeño paisaje, dentro de otro paisaje, seguirá esperándome antes y después del frío. Puede que ahora te esperen a ti también.
Ya conoces el camino.

*D, 2018