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RAYUELA

2020 / 2022

Fotografías en color,

Textos.

 

Rayuela es un juego de hibridación artística a partir de fotografías del suelo; partiendo de un referente de acción literaria como el que propuso Cortázar en su novela, desplazando la mirada frontal del fotógrafo hacia un espacio no habitual, se propone aproximarse al terreno del expresionismo abstracto propio de la pintura, en un paralelismo que evoca el action painting y la propia ausencia de autoría o autoría colectiva, ya que las imágenes del suelo y su “intervención” se han ido generando con cada una de las personas que han ido pasando por encima.

El suelo es un lienzo por descubrir a cada paso.

El sujeto empezó a deambular por el exterior de su azotea.

Al principio miraba el cielo con anhelo de centinela, pensando en la libertad, en el aire, en el viaje.

De pronto comenzó a llover y el sujeto bajó la mirada hacia el suelo. Observó que la superficie cambiaba y se transformaba en un lienzo de colores, texturas y formas.

Su mirada comenzó a cambiar dentro y a continuación, con su cámara, el sujeto empezó a caminar.

Trazó un camino con la mirada, a cada paso una foto.

Trazó una distancia. A cada foto un pensamiento.

Ya no se sintió sujeto, o tal vez se sintió menos confuso.

Recordó aquella novela rota:

“Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”.

Caminó hacia dentro y empezó a escapar.

 

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.

Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las anillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia.

Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios”.

(Rayuela, capítulo 68).